Oscuridad temprana. La tasca abandonada en la esquina es ahogada por inmensas moles de viviendas que apagan el cielo, ventanas sin vida aparente, persianas guardianas de una intimidad circunstancial. Los vehículos al girar por delante de la tasca La esquinita, fogonean el interior creando grotescas sombras e iluminando manchas en las paredes, colillas huesos de aceituna servilletas de papel en el suelo y apatía en los ojos.
En el interior mesas dispersas sin ningún orden aparente, penalidades hechas clientes en incómodas sillas, desfiguradas espaldas, largos dedos que agarran vasos de cristal que se hacen más pequeños conforme el líquido va resbalando por la garganta de quienes los alzan, tímidas toses y banales conversaciones, fútbol y política. Una tele se alza como una deidad sobre sus seguidores, sin sonido, solo imágenes de hechos repartidos por el basto mundo atajados indiferentemente. En la barra fríos boquerones, pimientos sobre panes secos y una tortilla más que rancia blindados por un sucio cristal con manchas de cerveza derramada. Taburetes que sostienen a cargas de largas piernas y minúsculos pies de altos calcetines. El sereno del desengaño sirve dos copas más.
Y todo gira alrededor de mí y todo gira alrededor de esta copa. Y cuesta llenarla pero una vez llena se vacía por arte de magia. Ponme otra jefe, ponme otra. Y ella fue lo más bonito que vi en esta vida, y sus ojos se marcharon dejando el recuerdo de su pelo. Sácame de aquí, sácame de mi vida. E intenté continuar mi vida, te juro que lo intenté. Intenté trabajar, vivir, amar, pero nada salía nada funcionaba, todo vano e inservible.
Y las copas caían como verdades sobre el mundo. Los cielos se abrían para dejar paso a mis errores. Y yo marché por la avenida, coches relampagenado a mi izquierda, sucios edificios graffiteados a mi derecha, mentiras atrás tristeza en frente. Y qué bonita era. Y sus pies bailaban descompasados con cada canción, pero qué gracia y qué belleza. Sus labios se movían sólo para sonreír.
Y la borrachera que llevo es insoportable, debería levantarme y salir al fresco. Calles mojadas, ojos secos. Las persianas cerradas como si me tuvieran miedo. Pateo latas servilletas emburruñadas piedras chinas escombros plásticos, y nada sacia nada. Vuelvo a casa, abro la puerta, la luz se enciende fácil, es más difícil abrir la puerta de mi cuarto. Me desnudo, abro la cama, cierro los ojos y el agobio en el pecho es insoportable, el dolor me martillea. Y entonces recuerdo cómo me mirabas, entonces recuerdo cómo te besaba y como te besaría mil veces más.
Y mañana será otro día igual, de miseria y destastre. Y mañana me desperté empalmado y no puede acabar nada. El sol se burlaba al otro lado de mi ventana, y me levanté y bajé al bar y aquí estoy, copa tras copa recuerdo tras recuerdo mujer tras mujer experiencia tras experiencia trauma tras trauma, y sigo sin saber quién soy. Y sigo sin tenerte entre mis brazos.
Entonces simplemente quise huir andar volar. Madrid es un buen agujero para morir, salí al centro, los girys poblaban deprimentes calles, tascas llenas cerveza fría corazones calientes. La música de fondo era apagada por el trafaco reinante, las callejuelas se abrían inseguras ante los transeuntes. Y miro el movil y hay dos mensajes nuevos, uno es publicidad y otro es inventado. Y quise que el inventado fuera tuyo, quise que me llamaras. Te juro que lo intento pero sigo sin olvidarte. Abro a banda y tiro por Arenal, y la calle está petada de gente, un puesto de libros aparece siempre a la izquierda. Compro uno para autocomplacerme, que los libros son buenos amigos cuando uno se siente triste. Las calles congeladas en Agosto, el sol parpadea calor incesantemente, sin nubes sin respiro sin más recuerdos que fracasos y fracasos.
Ando entre gente que jamás llegaré a conocer. Siempre me preguntó donde morirán mis recuerdos, la música fluye en el bar y sin embargo no escucho nada excepto tus palabras ya muertas por el tiempo.
Y vuelvo a casa y vuelvo a encender la luz abrir la puerta, y lo jodido es que no puedo llorar. Y aguanto día tras día y aguanto y vuelvo a beber y aguanto lo inaguantable y no pude quererte como merecías, pero que sepas que te quise como pude.
Riaño
martes, 13 de septiembre de 2011
Nighttime
viernes, 17 de septiembre de 2010
Llorando música
El cielo respondía con oscuridad y algún travieso fogonazo, la lluvia estaba impaciente por caer sobre aquel sombrero de pana que sujeto por una piedra portaba escasas monedas que caían de los bolsillos de transeuntes que pensaban que dar una moneda era una forma bonita de sentir la música, pero no la sentían.
Él seguía tocando y su negro y cubano pecho se hinchaba, sus brazos cobraban fuerza sus dedos vivían con independencia apretando las teclas del saxo que lloraba gris y oscura música melancólica que empañaba una bella y desierta plaza.
No repetía sus canciones como bien lo suelen hacer los músicos callejeros. No tocaba por tocar, por sacarse unas monedas con un repertorio aburrido y desgastado. Tocaba porque era lo que se le daba bien, lo único que podía hacer en un mundo de sentimientos fugaces y conciencias limitadas. Y ahí le tenía, tocando ásperas melodías que emergían de sus pulmones con fuerza, torpemente, pero de manera sincera.
Y la lluvía se abalanzó sobre la tierra de nosotros los mortales, la plaza desierta dejó de ser una metáfora literaria y se convirtió casi en realidad a excepción del grande y negro cubano, la lluvia resbalaba por las hojas de los lastimosos árboles cayendo sobre su cabeza negra y cubana mientras emitía su drama personal con agridulces notas. El cielo parecía que se iba a derrumbar, el mundo tenía ya un punto y final establecido y el sonido seguía emergiendo con la misma torpeza, ingenuidad y con el mismo maldito sentimiento de que nada más que la música pasaba y ésta era lo único que importaba.
Riaño
martes, 11 de mayo de 2010
La Esquinita
En el interior mesas dispersas sin ningún orden aparente, penalidades hechas clientes en incómodas sillas, desfiguradas espaldas, largos dedos que agarran vasos de cristal que se hacen más pequeños conforme el líquido va resbalando por la garganta de quienes los alzan, tímidas toses y banales conversaciones, fútbol y política. Una tele se alza como una deidad sobre sus seguidores, sin sonido, solo imágenes de hechos repartidos por el basto mundo atajados indiferentemente. En la barra fríos boquerones, pimientos sobre panes secos y una tortilla más que rancia blindadas por un sucio cristal con manchas de cerveza derramada. Taburetes que sostienen las cargas de largas piernas y minúsculos pies de altos calcetines. El sereno del desengaño sirve dos copas más. Los dos amigos de toda la vida conversan alegremente animando la monotonía de la tasca.
Con un palillo en la boca, Al menos en Grecia hacen algo, se levantan, gritan...
Lanzan obeliscos...
Aquí ná de ná, voltea el palillo con rapidez con un simple movimiento de boca, por mucho que la caguen todos seguirán votando sus colores...
Y creyendo en el mismo Dios, con los que hay para elegir...
La indiferencia crea la burocracia, que forma la democracia y no al revés...
Como el palillo crea el pincho de tortilla, la gente dice que es de tortilla, pero obvian lo fundamental que es el palillo...
Y lo peor que nada se mueve, ni para alante ni patrás.
Somos un gran fósil jerarquizado...
Jóvenes autodestruyéndose...
La gente ya no se droga como antes.
Un mecanismo asqueroso que sacrifica sus piezas por autoconservarse...
Antes el rey que el peón.
Dos trabajos, dos coches, piso y chalet en la playa...
La mujer burguesa, ¡qué necesidad tenía de meterse en nada!
Se lo digo de verdad, prohibiría trabajar a las mujeres, cuantos menos alimenten a la gran bestia mejor. ¿Usted no? Un avance dicen, ¡una atrocidad!
Reventar antes que morir de hambre...
El ser humano está destinado a su propia perdición...
Los caminos del señor son inescrutables.
La raza humana se difumina en un abismo de oscuras tonalidades hasta que todo explote.
La conversación se apagó con un vino tinto de la casa y un vermouth barato. Afuera, la ciudad callaba indiferente a los pensamientos de sus habitantes. La Esquinita oscurecida por las sombras de los edificios que formaban las farolas, intentando permanecer al margen de cualquier tiempo y cultura, intentando sobrevivir a su sociedad.
lunes, 10 de mayo de 2010
Catarsis coagulada
palomas y ratas voladoras fallecen en balcones,
aullidos azotan tejados,
un yonki en el suelo postrado se apoya sobre un frío muro de piedra,
le quema,
está muerto por dentro, es inerte por fuera.
tos y un esputo se precipita sobre la acera,
unas sucias y grotescas gafas intentan tapar unas gotas sobre sus mejillas,
la lluvia.
está hueco por dentro, es invisible por fuera,
un muñeco de paja al que echarle monedas,
amigo, le digo, ¿cuánto te queda?
dositres son cinco y una siete
ya poco me queda, se dice,
ya poco le queda.
palomas y ratas voladoras y aullidos y sucias azoteas,
sangre coagulada sobre las aceras,
alcantarillas que no pueden con más mierda,
el cadáver de un empresario inerte sobre el asfalto ,
una hecatombe de mezquinos le pisotea la espalda,
un HOMBRE preocupado se acerca,
le desnuda, traje camisa corbata, todo fuera,
dejadme morir con dignidad, el cadáver solloza,
sólo son gases, dice el HOMBRE, sólo son gases,
y le arrea un puntapié en la chola.
martes, 23 de febrero de 2010
Ideario - Francisco M. Ortega Palomares
Ideario Francisco M. Ortega Palomares
Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas,
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.
Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido.
Parado frente al mar mientras que el mundo gira.
jueves, 7 de enero de 2010
viernes, 18 de diciembre de 2009
The Wire
Actualmente es el la serie que más ha dado de sí el género, dando otro punto de vista y profundizando en conflictos tan actuales y tan espinosos como son los de la droga, la violencia, la impotencia de la policía y la pasividad de los políticos. Un mundo en el que todos quieren repartirse un trozo del pastel.
Con un estilo mucho más cinematográfico de lo habitual, con largos plano-secuencia en ocasiones sin apenas diálogo, subrayando la importancia del lenguaje visual, con gran cantidad de decorados exteriores y sin querer hacer un drama fácil callendo en marcar qué es lo que está bien, ya que The Wire nos transporta a las calles donde los yonkis se buscan la vida para tener una dosis, pasando por los chavales encerrados en ese mundo, hasta los jefes de las bandas que mueven la droga, sus intereses, y como chocan con la policía local, el FBI, las actuaciones de los políticos, su educación y cómo lo viven la gente de esos barrios pobres.
Y ésa es la finalidad de The Wire. Desde el yonki que se arrastra por la ciudad hasta el policía o el político harán actos que nos pondrán en un compromiso. No hay buenos y malos, simplemente hay un juego y todos quieren jugar con sus cartas sin mojarse y sin perder lo que tienen. Todos están encerrados en su microcosmos sin esperanza o sin deseo de salir, cada uno saca su parte del pastel de donde puede. En The Wire no hay una lucha entre los policías y la droga, entre los políticos y los criminales, se trata de una lucha a todos bandos, desde el chaval que intenta salir de la droga hasta el policía que se ve presionado y limitado por sus jefes, que sólo quieren estadísticas para que la mierda le salpique a otro.
The Wire trasmite una realidad, plantea preguntas y nunca dictamina respuestas. No hay una realidad ni un punto de vista, por ello nos mete un viaje que va desde todos los puntos de vista, partiendo de un grupo de policías que intentarán, en una unidad especializada, combatir a una banda que trafica con droga y asesina a diario, dificultados para empezar por sus jefes, que simplemente quieren hacer redadas rápidas y no mancharse metiéndose en el barro, nadie quiere profundizar en los problemas para resolverlos.
Pero también veremos la guerra de la droga desde sus protagonistas, chavales que trabajan como mensajeros, adolescentes que venden, gente que ha nacido en la droga y que huyendo de colegios sin futuro, encuentran en el tráfico de drogas y la violencia su único modo de vida. Algunos intentarán salir, otros simplemente aceptarán el papel que les ha tocado.
Por ello recomiendo esta divertida y atractiva serie, donde nos muestran una realidad de una forma directa, sin una distinción insultante entre buenos y malos, simplemente allanando el terreno para que nuestro cerebro procese, para que nos mojemos y así no podamos quedarnos indiferentes ante el difícil problema de la droga, para que desde todos los puntos de vista saquemos nuestras propias preguntas y conclusiones. Todos son malos y todos tienen sus justificaciones. No hay recursos fáciles, no hay finales bonitos. Esto es el West Side de Baltimore, una ciudad muy violenta y llena de droga. Aquí, cada día amanece con un nuevo cadáver y todos son culpables.
Riaño
martes, 17 de noviembre de 2009
Cuento ultrabreve por Riaño
jueves, 5 de noviembre de 2009
El cine que fracasa:
Hoy me terminé El Castillo de Kafka. Para aprovecharlo, decidí verme la adaptación de Haneke.
Empieza bien, tal y como narra el libro, con K. entrando en el albergue intentando conciliar el sueño ante esa extraña atmósfera en una aldea fría. Me gustó ciertas tomas, muy teatrales con largos plano secuencia de K. andando sobre la nieve, o simplemente esperando. Los actores cumplen e incluso los decorados y el vestuario sin ser nada del otro mundo, reproduce lo que almacenó tu cerebró al leer el libro.
Pero al hacer el guión, realmente cogieron el libro y recortaron. Y es que se repite las mismas partes exactas con los mismos diálogos, pero NUNCA consigue transportarte a esa atmósfera de desconcierto kafkiana, ni a esa angustia o injusticia. El único plano de un gran pasillo o un gran recorrido es casi al final, siendo un pasillo en el que ves el fin que le quita impacto. Y es que, en la mayoría de los casos, Haneke usa travelings laterales de K. mientras anda en la nieve que eliminan la filosofía de Kafka del gran camino agotador e interminable.
No hay angustia, no hay repugnancia en esa sociedad, los diálogos son calcados y hay puntos en los que ni se entiende si no te has leído el libro. La acción trascurre demasiado deprisa, no da a entender lo que sucede. Haneke quiso jugar a representar a Kafka en su honor y lo que hizo fue destruir su obra. Hubiera quedado bien si se tratase de teatro, pero en el cine, con los medios que se dispone, me parece una penosa adaptación que sólo coge la historia y elimina lo que la hace única.
Pensando en otras adaptaciones me viene a la mente el que mejor hace esta labor: Kubrick. Si bien es cierto que Kubrick también hace un guión en muchas ocasiones calcado respecto al libro, ÉL sí te mete de lleno en la atmósfera, el sí recrea los sentimientos que el libro representa e incluso los ensalza, como en The Clockwork Orange, creando una estética que e hace de la película algo más que una simple lectura de un libro.
Y es que el cine no es teatro. El cine tampoco puede ser simplemente la narración de una historia, algo así está condenado al fracaso, y no me refiero a un fracaso comercial. El libro dispone de hojas y hojas para volver a los mismos puntos, para ahogar, para marear, para repugnar. Una película tiene que logar éso en dos o tres horas, y El Castillo necesitaría más de una hora y tres cuartos que dura esta adaptación, seguro que necesitaría todavía más de lo normalmente establecido para un filme comercial, no se puede contar lo fundamental ni en tres horas.
El cine tiene que poner más en la imágen que en la historia, menos idas y venidas absurdas y más poder en cada escena, más impacto psicológico, más audiovisual y menos narrativo. El séptimo arte que dicen, no es sino un espejismo de lo que puede llegar a ser, un arte ahora que no es sino una ampliación del teatro con unos recursos demasiado literarios.
martes, 27 de octubre de 2009
El buen uso de internet

http://www.ppval.org/
La página oficial del PP en la provincia de Valencia aparece con una presentación demasiado honesta como para pertenecer a un partido democrático. De fondo, una reveindicativa canción de rap.
Sea quien sea, seguid así, arrasar con todo, en épocas de crisis es cuando nos importa cambiar cosas, muy humano. Suenan tambores de guerra, no dejéis prisioneros.
jueves, 22 de octubre de 2009
Hoy paseando escuché las sirenas de unos bomberos. Cuando alcé la cabeza pude ver que se dirigían a un viejo edificio cercano de cuatro plantas. Me acerqué. Al otro lado del edificio, policías, curiosos mirando al tejado y bomberos alejando más curiosos. Por un momento quise que fuese alguien que se quisiese suicidar, alguien que estallase, que diese a conocer su individualidad ahogada y que proclamara que ya estaba harto de todo esta locura. Era un pequeño despredimiento, el edificio no aguantó el golpe del viento. Yo aguanté la decepción, bajé la cabeza y seguí leyendo.
Qué locura...
A veces pienso que estoy loco, quizás no mucho, pero si lo suficiente. Si dijese todo lo que pienso en voz alta, seguro que la gente me insultaría, me escupiría y pegaría y estaría ya encerrado en la cárcel, o en un manicomio... Ofenderían demsiado mis absurdas ideas, no podrían soportar escuchar esas palabras. Me atarían a un palo y prenderían fuego a la altura de mis pies.
Qué locura.
Hay ideas que no se pueden pronunciar, frases que es mejor que se queden sólo en tu mente. A pesar de que se te avalancen sobre ti, esas palabras que se forman en tu cabeza no pueden salir por tu boca, no puedes hacer otra cosa que pasarlas al papel. La escritura es el recurso de los locos. Como hay cosas que queda raro decirlas en voz alta, las escribes, convirtiéndote en un filósofo, un idealista, un genio, un soñador. Si las pronuncias, te mirar raro y pasan de ti; sobre un fondo blanco, adquieren el valor de nuevos mandamientos. Algo así es a lo que aspiro yo, a formar la piedrecita de una columna sobre la que se asienta la sociedad, para que la gente se agarre a algo, para que todos podamos abrazarnos a algo... Columna hueca, columna donde la gente llora, se emociona, sonríe, se da cabezazos y araña con desesperación. Una piedrecita que dote de un falso sentido a todo. ¿Cómo ser parte de algo en lo que no crees realmente? Es una locura...
martes, 15 de septiembre de 2009
Ignus tres: Eritis sicut Deus.
La Democracia es el único sistema, el capitalismo el único animal al que el ser humano puede alimentar sin destruirse, es lo que necesita el ser humano, competitividad, poseer más que el de al lado, placebos ideológicos que satisfacerá cada cuatro años, un trabajo sin preocuparse de lo que le pueda pasar al resto. A través de los años el egoísmo y el caracter animal fue creando una sociedad que está tan metida en nuestra cultura que es imposible derribar aquellos pilares sobre los que se edifican los males de nuestra sociedad.
Necesitamos ignorancia, el preocuparnos un poquito de algo para poder seguir manteniendo nuestra gran hipocresía. Habrá ciclos, idelogías emergentes que serán segundas partes de morales deprimentes, resurecciones de ideologías totalitarias, caos reprimido, barrios marginales debido a la gran inmigración, barrios separados por altos muros. Cada cual seguirá defendiendo las cuatro chorradas que nos hacen pensar que creemos en algo diferente al resto, algo por lo que merece la pena hablar y debatir pero no levantarse e intentar que algo cambie.
Eritis sictu Deus.
Pero somos vacas, rebaño controlado. Somos animales enjaulados en prejuicios y miedos, animales fuera de nuestro entorno. Edificamos una sociedad para adaptarnos a un planeta peligroso y todavía no nos hemos adaptado a estas grandes ciudades. Lo único que hacemos es aceptar una sumisión y la muerte de nuestras individualidades, reprimir instintos y voluntades para poder vivir en un gran colectivo. Habrá canallas, gentuza, que sacará su lado más humano; se les juzgarán, pediremos penas más duras sin saber de leyes, nuestra boca se llenarán de insultos hacia esas personas que son el reflejo del animal que reprimimos. Aplaudiremos que se les meta en la cárcel y ya nos sentiremos más agusto, hasta que la tele nos de otra cabeza de turco con la que desahogarnos. No pensaremos en el por qué, en soluciones, en qué anda mal para que alguien mate a su familia o en un ataque de cólera acuchille a un chaval en un día de fiesta. ¿Para qué? Nos basta con que le metan en la cárcel y comentar lo malo que es desde nuestro salón.
Me gustaría ver a Dioses alzándose desde las calles más oscuras de la ciudad proclamando una nueva forma de ver las cosas, oír un grito desesperado que callase la voz de la deprimente moral occidental.
Ignus duo: Tempus fugit
Me cansó, todo me cansó. Pertenezco a una generación con la que comparto sus vicios pero no sus virtudes. Dejé las drogas, no por moral o porque me hiciera mal, algo así me daba igual. Simplemente me aburrí, me cansó el llegar a casa y no poder hacer nada más que tirarme a al cama, encender la tele y dormir. Necesitaba pensar por aquel entonces. Lector desde siempre, iba ampliando razonablemente mis horizontes, me gustaba pensar en los que otros pensaban, me reconfortaba sentirme defensor u objetor de las ideas que alguien escribió hace tiempo. Curioso por naturaleza, era algo a lo que quizás por mi educación o por mi forma de ser estaba reservado desde hace tiempo. Leer me hizo diferente al resto, me hizo pensar en otras cosas. Un autor desencadenaba en otro, una idea en una teoría, un autor en una generación.
Y es que me siento diferente pero igual de gilipollas. Nací entre libros debido a un padre periodista. Soy republicano, dije con 13 años con tal de harcerle creer a mi padre que mi cabeza era portadora de alguna ideología. Pronto descubrí que no era nada excepto alguien a lo que no le agradaba nada de lo que le rodeaba. Nietzsche fue mi mentor, su poesía fue lo único en lo que creí durante un tiempo. Soñé con una sociedad diferente, con que cada cual pudiera mejorarse a sí mismo formando un colectivo diferente que pudiera acabar con todo lo malo. Me auto predicaba una moral nueva y fresca, idealismo que no compartía con nadie y que ahogaba en mi cabeza. Parece rápido pero duró, de creer en que un Übermann pudiera aparecer, en el que pudiéramos ser cabezas pensantes y no esclavos, pasé a no tener fe en un ser humano que me deprimía.
Mis amigos eran todo lo que yo rechazaba, pero aprendí a quererlos. Mi mayor conocimiento sobre libros y cine me llevó a una equivocada creencia de poseer una superioridad intelectual sobre ellos. Acabé por quererlos con sus faltas mientras empecé a odiar mi mediocridad y mis necesidades, tan banales como las que antes rechazaba. Simplemente buscaba conversaciones que mis amigos no podían darme. Al final, maté cualquier pensamiento, cualquier crítica hacia mi día a día para reservarla cuando estuviese a solas, que es cuando me liberaba. Esclavo, me socializaba por ser algo que necesitaba, sin quererlo realmente. Pensaba, me rallaba tirado en el parque, en fiestas en casa de gente que no conocía ni quería conocer.
Entre días aislado entre música y películas, había largas jornada de cerveza y porros, integrado en una juventud con la que no tenía absolutamente nada en común, excepto sus vicios, que poco a poco iban aburriéndome. Lo que más me gustaba era ver una película solo, leer un libro que más tarde no podría comentar con nadie.
Un día, gracias al impulso de un argentino, me dio por escribir todo lo que guardaba para mí, todo lo que iba acumulando en mi cabeza en esos días deprimentes con mis amigos, todo lo que veía, necesidades, odio, furia, individualidades asesinadas, democracia muerta. Mi bolígrafo empezó a volar, trazando las líneas que mi cabeza hacia tiempo necesitaba. Siempre quise escribir, pero nunca me sentí capacitado, leer a grandes autores me provocaba una inferioridad que me impedía liberarme.
Orgulloso releí mi primera obra, estaba contento de haber escrito unas escasas líneas sobre lo drepimente de mi sociedad. Empecé a creer en un fin, el de escribir y contar cosas.
Falso, mentira. No es más que una justificación plana y estúpida de otra necesidad, no es más que otro acto igual a todo lo que critiqué. Me río de las frases que intentan dar un gran sentido a un absurdo un arte, a la banal escritura a la ilógica idea en que un buen fin es transmitir algo. Transmitir, joder, lo único que puedo hacer es éso, calmar mi necesidad satisfaciendo al resto, que necesitan de otras obras, como yo necesito a Tarkovsky, a Nietzsche, como necesito pensar o escribir.
Ahora no hay quien me saque de un nihilismo que me impide hacer lo único que me gusta y de lo que me siento orgulloso. Paso tardes sin sentido volviendo a casa para no poder ni escribir. Leo con gusto, aunque menos. Escribir no deja de ser para mí otra necesidad como comer o follar. No hay más sentido que el de suplir una carencia, la de contar algo, la de sacar cosas de mi cabeza. Perdido en una generación perdida, idealista de un nihilismo que mata incluso lo que necesito y lo que me gustaría creer. Por la noche escribo, escasamente, de vez en cuando, y por la mañana me arrepiento, con vergüenza maldigo mis ridículos párrafos, asqueado por las estupideces que llego a pensar. Sin embargo, aquí estoy, quizás porque es lo único que se me da bien hacer, lo único que me gusta hacer o quizás porque estoy borracho.
Tengo que escribir más me digo. Pero joder, no puedo.
Riaño
viernes, 11 de septiembre de 2009
Ignis unus: Carpe Diem
No estuvo del todo mal, el alcohol ahogaba mi timidez, lo que me llevó a besar algunos jóvenes labios, labios de chicas que nunca llegué a conocer, y por supuesto, ellas tampoco a mí. Cómo me iban a conocer si para mí mismo era un completo desconocido. Bebía porque era lo único que conocía, porque era lo fácil, todos lo hacían, era a lo que estábamos acostumbrados.
Hubo peleas. Las recuerdo con una sonrisa en mi boca. Cada vez que las recordamos mis amigos y yo volvemos a sentir esa adrenalina que nos azotaba... Corríamos, huyendo, persiguiendo... A veces sangrábamos, pero siempre reíamos. El alcohol nos permitía entablar peleas más fácilmente, pero necesitábamos soltar esa adrenalina, necesitábamos golpear con furia una sociedad que renegaba de un individualismo, el nuestro, que neceistábamos expresar de cualquier forma. Podríamos haber hecho cualquier otra cosa para sentirnos diferentes, pero éramos jóvenes borrachos. Éso nos hacía despertar de una oscura pesadilla, disparaba nuestro entusiasmo, el comentar la pelea de ayer, o la gamberrada de la semana pasada nos daba un patético sentido a nuestra vida.
Ésa es mi generación, una panda de jóvenes borrachos que no creen en nada, pero que beben para poder tener algo, para llegar a soñar en algo. La violencia y las irresponsabilidades forman parte de un carácter ahogado por una sociedad que enseña a ser un número y no un individuo, obliga a recitar y no a pensar en una pobre educación que encierra aún más nuestros cerebros en una ignorancia que desconocemos.
Y luego la sociedad echa pestes, luego los graffittis que inundan la ciudad son sucios garabatos, luego somos unos locos que no sabemos qué es el respeto y que nos falta autoridad. Pero luchamos, sin saberlo, por darnos a conocer en una sociedad a la que no le interesamos. El triunfo de la Democracia resucitó el desinterés por todo, por la política, por cambiar algo. No se puede hacer nada es lo que suelen decir nuestras jóvenes bocas, pero es sólo una forma de no pensar en si se puede hacer algo o no, es algo que no interesa. Un cubata, tres hielos, hasta la mitad de vodka, naranja, una chica... Era lo único que buscábamos.
Riaño
lunes, 20 de julio de 2009
ἐλπίς
Pero no, ἐλπίς no está.
Ha muerto, como el resto de las deidades, murió, y ya no queda ἐλπίς. La mataron los hombres, puede que sólo la crearan para usarla, de vez en cuando,
crearla para cuando les apeteciese nombrarla y así consolarse,
así son los hombres, crean y se olvidan,
y yo como hombre, ya no creo en esta mujer.
Creo que soy cómplice del asesinato de tal bella figura,
pero no hay cuadros, ni fotos, ni escritos sobre una Diosa tan perfecta y bella,
¿por qué cojones no hay cuadros sobre una Diosa tan perfecta y bella?
Y no la veo,
no, ni en cuadros, ni en fotos, ni en escritos,
ni sale de los actos de sus asesinos,
y yo no espero que reviva,
así, descansa en paz, Diosa Esperanza.
Riaño
viernes, 17 de julio de 2009
Oh dios...
Me estoy matando, bebiendo y fumando,
engañando al tiempo para soñar despierto y morir soñando.
Apenas veo el cielo con el humo de las fabricas
ni oigo a mi conciencia con el ruido de las máquinas.
Pero, sé lo que hay bajo esas gafas de sol en diciembre,
problemas y una mujer que no se defiende.
Todavía no ha amanecido ni nada parecido
pero un ángel aguarda en la parada del bus para traer algo a su nido.
Puedo creerme dios si escribo un nuevo verso
pero dime quien soy yo en proporción al universo.
Y así descendí de la nube en la que vivía
y aprendí que para mí la rutina no es monotonía.
Vivo en un mundo en el que la libertad tiene precio,
procura que tus palabras sean mejores que el silencio
y, cuando mi alma esta negra y nada me alegra tía,
no hay lágrima en mis ojos pero lloro todos los días
Mi canto es de dolor como el de un pájaro enjaulado
apenas distingo el olor desde aquí al parque de al lado.
Era más feliz cuando era un crío ignorante
ya, bueno como todos, pero ya no todo es como antes.
Sé que mi defecto es pasajero,
pero también sé que no vivir para siempre representa al mundo entero,
y somos héroes de la clase obrera el villano es el tiempo,
esclavo laboral al borde del aburrimiento.
Soy un alquimista mortal sin miedo a la muerte,
escribo versos de oro cuando muera vendré a verte
desde el infierno terrenal hasta mi cielo subterráneo,
planeo a ras del océano sin temor a hacerme daño.
Mi musa es una brisa de humo gris,
represento al mundo entero pero solo creo en mí.
Poeta y dramaturgo, taciturno de la urbe,
dibujando nubes de humo con los dos dedos en V.
El sol se precipita sobre el horizonte,
una nueva cita con mi musa y no sé donde.
Educa a los niños para no castigar a los hombres,
comprometido con el arte pobre diablo muerto de hambre.
Para ver el arco iris has de soportar la lluvia
y yo siempre torturándome para ver si algo me alivia.
Y grítame grita miel grítame, vuelvo a mi cripta,
el tic tac dicta.
Lechowski- Donde duele inspira/36500 dias
martes, 14 de julio de 2009
La dama del perrito
Y sí, llevaba un perrito, blanco además. No puedo decir si el perro era bonito, porque estaba a 9 pisos debajo de mí y unos cuantos cientos de metros más adelante. Y ella estaba allí, con el perrito, pero el perrito era sólo la escusa, estaba ahí como en el escenario de un teatro representando una obra que sólo veía yo, andando, contoneándose graciosamente con esa camisetita verde, esa larga melena negra y esa falda corta blanca, esa falda que se movía de un lado a otro cada vez que daba dos pequeños pasos. Andaba con el perrito, bajando la calle poco a poco, a veces se paraba y miraba atrás. Joder, quizás fuera por mi nivel de alcohol en sangre, pero andaba y de vez en cuando miraba hacia atrás, miraba incluso cuando seguía andando hacia adelante, torciendo su cabeza lentamente, y creía que miraba hacia la ventana donde yo estaba. Andaba, miraba a su perro, giraba la cabeza, miraba hacia atrás, andaba, la ponía en la posicion normal y vuelta a empezar.
Bajó la calle lentamente, con su contoneo, con su gracia, con su faldita y perrito blancos, delicada, parecía que el fuerte viento veraniego la iba a empujar ayudándola a adelantar sus pasos, y justo cuando la iba a perder debido a un gran edificio marrón, se paró, y se quedó ahí, parada, mirando hacia mi ventana. Joder, yo estaba muy lejos, ¡pero miraba hacia mi ventana!
Y luego recorrió sus pasos, se fue acercando y esta vez no miraba hacia atrás. Coño, a pesar de no ver su cara, me hacia más gracia cuando estaba de espaldas, su contoneo se apreciaba mejor. Pero al cruzar la plaza cercana a mi casa, se volvió a poner de espaldas, bueno, de lado, y luego en diagonal, y desde mi ventana se veía alejarse otra vez más, y veía su espalda, su faldita y su contoneo, izquierda-derecha, alejarse, calle abajo una vez más, dejando el sol a sus espaldas, su sombre en frente y su perrito al lado. Y fue increíble cómo se alejaba, no sé si por el contoneo, por la faldita, por la puta melena negra que le llegaba a media altura de la espalda o quizás porque la luz del sol, de estas luces de atardeceres que llegan a su fin, iluminaban toda la calle, el edificio que dejaba a un lado, la carretera que dejaba en el otro, su pelo, su cuerpo, su camisa y su falda. Lo iluminaba todo y parecía que el sol estaba hecho para iluminar su paseo de vuelta, calle abajo, hasta que la dejé de ver, porque un maldito árbol me tapó la vista.
Voy a escribir como un cerdo, me dije.
Riaño
jueves, 9 de julio de 2009
Cuando todos duermen...
Cuando todos duermen, yo, vivo.
Riaño
sábado, 4 de julio de 2009
Madrid duele
Ella. Pelo moreno hasta los hombros, grandes ojos marrones, bonita sonrisa. Tímida pero preciosa, amable y divertida. Además, estaba realmente bien de cuerpo, algo que no me importaba realmente. La contemplaba, más borracho de lo que me apetecía, las épocas de grandes resacas habían pasado para mí, al igual que las oportunidades que pudiera tener con Ella. Pero aún así me daba igual, la miraba y Ella reía, ajena a todo lo que me pasaba por la cabeza, reía, me miraba y seguía sonriendo y luego desviaba la mirada para seguir con sus cosas, hablar con el resto de nuestros colegas o yo qué sé, la verdad que me daba un poco igual lo que estaba haciendo en ese momento, sólo me importaban esos ojos marrones.
Más tarde, cada uno por su lado, yo a mí casa, y no quise pensar qué pudiera estar haciendo Ella. Sin duda yo sería el único de los dos que pensase en el otro. Y así me quité la camiseta, cogí una lata de cerveza, estiré los pies para situarlos a nueve pisos del asfalto madrileño y y mientras escuchaba una canción de hip-hop con bases de jazz y el aire acariciaba mis pies, pensaba en qué demonios podía escribir para sacarme lo que llevaba dentro y así olvidarla, como olvidé a tantas otras.
Riaño


