jueves, 9 de julio de 2009

Cuando todos duermen...

La noche, ay Madrid en la noche, en la madrugada. Sobre las tres de la mañana Madrid cambia, las calles ya no huelen a contaminación, no están llenas de ruido, de coches y camiones, de gente con prisa. Por la noche Madrid tiene otro olor, un aire húmedo y frío, huele a frescura. Por la madrugada es cuando más concentrado estoy, cuando menos pienso en dormir. Sí, me encantan esas madrugadas en Madrid en las que abro la ventana y aspiro, como cuando voy al campo tras mucho tiempo y no me creo el aire tan puro que hay y mis primeras bocanadas de aire las hago más profundas. Aspiro, cierro los ojos, miro a los taxistas soportar las últimas horas, a los pocos conductores que vencen al sueño en el asfalto, a los encargados de la limpieza refrescar con agua las calles; y sí, la madrugada me relaja y me inspira. Me inspira y me encanta quedarme despierto, miro el reloj de mucho en mucho aguantando la costumbre de irse a dormir por la noche, porque son en esos momentos cuando yo estoy más despierto que nunca, es cuando más pienso, cuando más me rallo sobre las ideas que me vienen, cuando más melancolía tienen mis recuerdos, cuando más ideas me vienen a la cabeza, cuando más profundas me parecen las canciones y más bonitos los párrafos, cuando mejor escribo y cuando más agusto me siento.

Cuando todos duermen, yo, vivo.



Riaño

sábado, 4 de julio de 2009

Madrid duele

Ella. Pelo moreno hasta los hombros, grandes ojos marrones, bonita sonrisa. Tímida pero preciosa, amable y divertida. Además, estaba realmente bien de cuerpo, algo que no me importaba realmente. La contemplaba, más borracho de lo que me apetecía, las épocas de grandes resacas habían pasado para mí, al igual que las oportunidades que pudiera tener con Ella. Pero aún así me daba igual, la miraba y Ella reía, ajena a todo lo que me pasaba por la cabeza, reía, me miraba y seguía sonriendo y luego desviaba la mirada para seguir con sus cosas, hablar con el resto de nuestros colegas o yo qué sé, la verdad que me daba un poco igual lo que estaba haciendo en ese momento, sólo me importaban esos ojos marrones.

Más tarde, cada uno por su lado, yo a mí casa, y no quise pensar qué pudiera estar haciendo Ella. Sin duda yo sería el único de los dos que pensase en el otro. Y así me quité la camiseta, cogí una lata de cerveza, estiré los pies para situarlos a nueve pisos del asfalto madrileño y y mientras escuchaba una canción de hip-hop con bases de jazz y el aire acariciaba mis pies, pensaba en qué demonios podía escribir para sacarme lo que llevaba dentro y así olvidarla, como olvidé a tantas otras.




Riaño

jueves, 2 de julio de 2009

Para escritores

" Incluso en mis horas más bajas siento las palabras burbujeando dentro de mí, no como algo vanidoso, sino como algo necesario... Tengo que volcarlas sobre el papel o se apodera de mí algo peor que la muerte. Cuando empiezo a dudar de mi capacidad para trabajar con palabras, sencillamente leo a otro escritor y entonces sé que no tengo de que preocuparme, compito solamente contra mí mismo..."

Monólogo de la película Factótum de Ben Hamer, adaptación de la novela de Charles Buckowsky y primer track del disco "Donde duele inspira", de Lechowski.

miércoles, 1 de julio de 2009

La noche

es noche y nada más. Taxistas en la plaza, hablando, soportando la noche y nada más, una sirena muda de un patrulla lucha con la luz de un camión de limpieza y que junto con las farolas iluminan la ciudad.

En frente de la ventana del narrador, un gran hotel, sólo con una ventana iluminada, la del último piso. En el balcón de la ventana iluminada una pareja, apenas se distinguen, el narrador apenas puede ver sus contornos, se funden con la luz que viene del cuarto en el que se hospedan. Parece que se trata de un hombre y su novia, quizás de un hombre y su hija, o de una pareja de jóvenes, dos chicas o un par de veinteañeros, no se ve bien, y permanecen ahí, parados, fijos sin moverse, quizás hablando sobre la ciudad de Madrid, quizás hablando de nuestro narrador que deja de contemplarlos por miedo a que ellos estén mirándole.

Nuestro narrador se fija en la pareja, el de la izquierda más alto que la figura de la derecha, pero a veces ambas figuras se equiparan, aunque no se muevan. Nuestro amigo y compañero narrador sigue a lo suyo, a las dos de la mañana bebiendo una cerveza [su marca de cerveza aquí] y viendo como los taxistas hablan, como los patrullas se mueven por la iluminada ciudad, disfrutando del frescor de la noche y nada más.

Las figuras de repente alzan los brazos, sus brazos derechos, señalando a nuestro pobre e indefenso narrador, sus brazos derechos apuntando hacia la ventana en la que nuestro algo borracho narrador permanece algo asustado, con la mirada fija en la ventana del hotel donde permanecen esas inquietantes figuras y sus aún más inquietantes dedos que lo señalan. Los brazos no ceden, como si la vida o la muerte dependiese de ello, señalando a nuestro agotado narrador. Éste no sabe que hacer, se rasca la cabeza, deja de mirarles y presta atención en el asfalto urbano, pero la curiosidad le puede y vuelve a mirar, y ahí están, las figuras inquietantes señalándole. Así que bueno, me lo tomaré con filosofía, se dice, no les veo bien, continúa, la cerveza, la noche y la iluminación de su cuarto me estén engañando, sí, es la cerveza-noche-luz y nada más.

Pero nuestro joven narrador no logra tranquilizarse y sigue viendo esos dedos, dedos que le señalan que le juzgan que le inquietan, desde lo alto del hotel en frente de su ventana. Entonces nuestro narrador comienza a gritarles, ¡qué cojones queréis!, comienza a gritar a las figuras. ¡Dejadme en paz! añade, ¡BAJAD ESOS MALDITOS BRAZOS!

Pero las figuras no ceden, no. Los brazos permanecen fijos, señalando la ventana de nuestro protagonista y narrador quien vuelve a pegar un largo trago a la cerveza y tira la lata por la ventana intentando alcanzar el hotel, pero se queda a medio camino. RISAS, risas horrendas empieza a oír nuestro horrorizado narrador que no deja de escribir para intentar saber qué demonios está pasando y os prometo que no lo sé, son eso, figuras que me señalan y nada más y no puedo dormir... Son las 4 de la mañana y no puedo dormir. Esas figuras no dejan de señalarme, cada vez que miro ahí están y sólo responden con risas horrendas, oh dios mío, qué puedo hacer.

Suena el timbre, no, no puede ser verdad.

No, claro que no es verdad, es una ilusión, al igual que las risas. Pero las risas se hacen más fuertes, y el timbre suena una y otra vez. ¡Qué cojones queréis de mí! grito a las malditas figuras, ¡el qué!

Pero las figuras siguen riéndose.

Y siguen

Y el telefonillo

Y los taxistas siguen ahí abajo. ¡Oye, ayuda! ¡AYUDA! ¿¡¿POR QUÉ NO ME ESCUCHÁIS?!?

¿¡¿POR QUÉ?!?!

Mi pulso se aceleraya ni siquiera puedo escribir bien, dios mío qué es sto q pasa aki, es una pesadilla, si sólo una pesadilla,

RISAS TELEFONILLO RISAS

Una pesadilla, si me tiro por la ventana seguro que me levanto de este horroroso sueño, sí seguro... Porque es éso, un sueño y nada más.

Nuestro narrador sube la pierna hacia una ventana abierta y se apolla con los brazos en las que están a su lado. ¡Joderos! ¡MI DESPERTAD SERÁ VUESTRA MUERTE!

Y nuestro narrador cae por la ventana, cae y se estampa contra la acera. Sus sesos se esparcen por la plaza y la sangre fluye hasta los taxis aparcados en el asfalto.

Joder, qué loca está la gente de esta ciudad, dice uno de los taxistas.

Y que lo digas.

miércoles, 17 de junio de 2009

"Eso"

El recuerdo activa un repentino placer, el cerebro se dispersa y se concentra, las rodillas empiezan a moverse, las manos marcan el ritmo, chan chan chan, una ola ahoga cualquier otro sentimiento sumergiéndote en un torbenillo/frenesí, caes como de una cascada y el vertigo mata cualquier tristeza o cualquier otro recuerdo, mata y crea a la vez, ilusiona y llena de alegría, romance, relajación, excitación, chan chan chan, los ojos se cierran, el cuerpo permanece inmóvil excepto por esa sonrisita que se te marca en la cara, por los párpados que bailan, ya no eres tú, ni siquiera otro, no eres nada, tan sólo te mantienes ligado a éso, la adenalina se dispara y estallas por dentro en mil pedazos difundiendo una orquersta de emociones inumerables/vacías y a la vez que te llenan tanto, emociones emociones emociones, en el punto más alto, FUERZA.

Sólo el ser humano podría reaccionar así ante un estímulo acústico, ante el ruido de unos instrumentos. Éso y nada más.
Beethoven, la novena, segundo movimiento, éso.



Riaño

lunes, 8 de junio de 2009

Fantasma

Srly, what's up with you, Europe?
What's worng with you, Occidental?
Every time I read Ginsberg I want to write in English,
cada vez que leo quiero escribir, y cada vez que me leo, se me quitan las ganas de escribir.
What's up with me? What's up with you?
We are just a bunch of stereotypes,
nadie se preocupa por la ciencia/arte,
nadie se preocupa por conocer/descubrir,
nadie se preocupa por nada,
por el futuro/presente/pasado/futuro
nadie se preocupa,
y a mí me suda la polla todo.
What's up with you?

La industria, la publicidad, lo absorben todo.
Ya no hay arte, hay industria,
lo que queda del arte sólo es un tipo de marketing.
Estamos orgullosos de nuestra deprimente cultura
y alabamos a los muertos sobre los que se edificó esta sociedad,
muerte para tener libertad,
seguridad para mantenerla.
Hay tantos parches que no vemos la herida,
la libertad dejó de ser un ideal para convertirse en un fantasma,
la libertad me despierta todas las noches y me pide venganza,
y no sé qué hacer para vengarla, no sé si creer,
to be or not to be, ser o no ser.

viernes, 5 de junio de 2009

Eironeia

Grandes edificios que se hunden en la tierra, rascainfiernos que alcanzan el infinito ergidos hacia el cielo, tocando las nubes. Alarmas y sensacionalismo, miedos y publicaciones poco rigurosas. Ideas que se hunden, necesidades que salen a flote, que salen como una erupción de un volcán, necesidades que nos dominan.

El hombre animal ya dejó de querer serlo, y siendo animal vive en la urbe creada por él, y es algo que no aguanto. Nuestros instintos son usados, nuestra naturaleza explotada y nuestros miedos controlados.

Así andaba un él, paseando, campanadas a lo lejos que anuncian sentencias de muerte. Así andaba alejado de todo y con la mirada puesta en lo que le rodeaba. Andaba hasta que cayó, como un animal más en un habitat que no es el suyo.